Dios salve a la reina

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Con el Pabellón Santiago Martín de La Laguna lleno hasta la bandera y media hora de retraso, comenzó el show. Con todas las luces apagadas, el escenario empezó a llenarse de la banda que homenajearía al grupo británico Queen: un guitarrista, un bajista y el batería para, tras ellos, dar paso al protagonista de la noche. Este último, ataviado con un legging rojo con rayas negras, una camiseta blanca y una chaqueta del mismo color acompañadas de una gorra de policía, entró en escena. No faltó el detalle del atril cortado, que tantos años atrás el verdadero Mercury había hecho famoso por accidente.

Tie your mother down, I want all y Another One Bits the Dust fueron las primeras que animaron el ambiente. Pocas letras bastaron para levantar al público, que comenzó a tocar palmas y a saltar mientras el cantante no paraba de moverse por todo el decorado.  

Nuestro Freddie Mercury se puso romántico y comenzó a tocar el piano, que se encontraba en una esquina de la escena bajo un foco que lo iluminaba por completo. Save me, Now I´m here y Under pressure fueron las melodías que resonaron con fuerza acompañadas de las teclas.

Guitarra en mano, el imitador se lanzó con Need you loving tonight y Somebody yo love. Con más de medio espectáculo ya a sus espaldas, el músico se puso una toalla al cuello para secarse el sudor y continuar con Who wants to live forever, I was born tol ove you y Love of my life.

Canciones míticas


Uno de los momentos más esperados de la noche llegó con I want to break free. El showman se lanzó al escenario con camiseta rosa sobre su vestuario blanco impoluto que incluía peluca negra, lo que trasladó a todos los presentes al famoso videoclip del grupo británico. Con el público ya en pie resonó Radio Ga Ga 

“¿Quién tiene ganas de bailar?”, preguntó el vocalista antes de interpretar Crazy litle thing called love. Con ella, los pocos asistentes que quedaban sin mover el esqueleto no pudieron resistirse. Sin embargo, el momento bailongo no duró mucho, pues Mercury volvió al piano para cantar Mamma, lo que hizo que más de uno optara por encender un mechero antes que la linterna del móvil. Aprovechando el ritmo de esta última, la hiló con Bohemian Rhapsody. Tras ella, toda la banda abandonó el escenario y el “¡Oé, oé, oé!” comenzó a escucharse en todo el recinto.

Los protagonistas volvieron y, tras dar las gracias, cantaron otro de sus grandes éxitos: Don´t stop me now. Tras el subidón, llegó Innuendo, con un ritmo más relajado. Fue entonces cuando Mercury se quitó la camiseta y se puso una chaqueta blanca y roja con una capa, lo que despertó la ovación del público. Los platos fuertes quedaron para el final. We will rock you y We are the Champions terminaron de enamorar a los asistentes, que se dejaron sus últimos hilos de voz.   

Con un vestuario de rey, con corona y capa incluida, saludaron y abandonaron, nuevamente, el escenario. Cuando los asistentes se disponían a salir y, con muchos de ellos ya fuera, en las pantallas laterales se vio la corona que se había quedado sobre las escaleras. En ese instante, los que quedaban dentro del pabellón volvieron a animarse y los músicos aparecieron de nuevo. Esta vez, se despidieron con We will rock you. A pesar de las dos horas de fiesta ininterrumpida, a todos nos quedaron ganas de que… The show must go on.

*En colaboración con: Iru Rodríguez

Amante de las medusas. Viviendo al día, escribiendo mi camino paso a paso. Las cosas a la cara y si son bonitas al oído. Lo importante es no tener prisa. Los sueños no tienen fecha de caducidad. Así que, tiembla mundo… Voy a por ti.

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